La Brujita Tapita

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La Brujita Tapita

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Nunca resulta fácil hablar de uno mismo, mucho menos por escrito. Por eso le hemos pedido permiso a Fernanda Martell, periodista de la revistaPLANETARIO, para que nos preste sus palabras sabiamente conjugadas en la entrevista que nos hizo, y que fue editada en junio  de 2009:

Por Fernanda Martell

Cecilia Rogier y Eduardo “Chacho” Marceillac, sin lugar a dudas, disfrutan de lo que hacen. Conforman, desde 1988, el Dúo Tiempo de Sol, en el que conjugan una propuesta artística, dirigida a los más pequeños, con una pedagógica orientada a los docentes. Hoy, con más de 20 años de trayectoria, repasan cada uno de los eventos más importantes de su carrera con un entusiasmo genuino. Compañeros de vida, se miran con complicidad, se completan las frases, y el ovillo de esta historia se va desanudando de a poco, lleno de detalles en los que se manifiesta un vínculo indivisible entre el trabajo y la pasión. Una historia que es contada –o mejor dicho, cantada- a dos voces.

Si se les pregunta por los orígenes, la respuesta brota inquieta y, por supuesto, a dúo. Se conocieron en el año ’87, cuando Cecilia se presentó a un casting para un festival, en el cual Chacho era el que se encargaba de la selección. Ya ese mismo día cantaron a dúo una canción de Vivencia, “Los juguetes y los niños”. Y después… hubo muchas otras canciones. Chacho tenía un grupo y Cecilia trabajaba como profesora de música en jardines de infantes. Él comenzó a ir a las salitas como músico invitado, llevaba la guitarra, se sentaba en alguna de las sillitas y cantaba canciones que había compuesto para la ocasión.

Así fue como comenzaron a transitar un camino que los ha llevado mucho más lejos de lo que esperaban. El primer trabajo para niños que realizaron juntos fue la musicalización de un cuento de María Rosa Solsona, “Los secretos de la isla sonriente,” en el año ’88. En los años siguientes, continuaron componiendo canciones, muchas de ellas “para jugar”. Ya para entonces contaban con un as en la manga: La Brujita Tapita, canción compuesta por Cecilia en los comienzos de su carrera docente, no dejaba de crecer en popularidad en los jardines y las escuelas de todo el país.

Con la música a las aulas
El ’96 fue un año de inflexión para el Dúo Tiempo de Sol. Grabaron su primer material discográfico y armaron su primer espectáculo para jardines “con aquellas canciones que a los chicos les gustaban mucho y que eran factibles de poner en el escenario”, explica Cecilia. Paralelamente, comenzaron con los talleres para docentes. Un poco por casualidad, afirman, ya que en un principio fueron pensados a modo de carta de presentación. La buena respuesta que obtuvieron por parte de los maestros hizo que continuaran trabajando en esa línea, de la que surgió la propuesta de “Cantojuegos”, la pata pedagógica del Dúo Tiempo de Sol.

“El objetivo es acercar la música y todas las posibilidades que ofrece a las aulas”, señala Cecilia. Los talleres están orientados a docentes que trabajan con niños de 2 a 8 años aunque, explican, muchos de los juegos se pueden aplicar con chicos más grandes, con adultos, con personas con capacidades especiales.

Las composiciones del dúo “son canciones y juegos musicales que desarrollan valores, que trabajan con el esquema corporal, con la integración, con diferentes contenidos de las áreas curriculares”, describe Cecilia. “Además, fomentan la alegría. Nosotros somos unos convencidos de que hay que educar con alegría. A veces te cruzás con personas que, por diferentes motivos -puede ser por la rutina también- sus clases se vuelven muy tediosas. Y es ahí cuando el chico le pierde el gustito al colegio, porque el docente deja de incluir el juego dentro del aula”.

El juego, para ellos, es “una actividad profundamente creativa, donde los niños demuestran y desarrollan sus capacidades intelectuales, afectivas y físicas”. Por eso, el énfasis está puesto precisamente ahí, en la vinculación del juego con la música, con la expresión corporal, con el lenguaje teatral y con la danza. “Está todo tan ligado y hay juegos tan hermosos que se pueden hacer, y tan simples, que generan en el chico entusiasmo, ganas de hacer cosas. También puede pasar que, si el docente no tiene cancha se le vaya la clase de las manos. Por eso tiene que formarse, para saber cómo utilizar estas herramientas,” sostienen.

El trabajo que se realiza en los talleres logra que “el docente se de cuenta de todas las posibilidades que tiene una canción. Los estimulamos a recrear, a hacer trabajar la imaginación creadora, que es tan importante, no sólo para el docente sino también para el niño”, señala Chacho. “Nosotros les mostramos el cómo y trabajamos a la par de ellos. Los talleres son muy prácticos, se trabaja poniendo el cuerpo, jugando, mostrando, intercambiando, recreando las actividades.”

“Algunas maestras jardineras dicen que no afinan ni para tocar el timbre. Nosotros les tenemos que demostrar que aunque no afinen, que aunque no tengan el sentido rítmico que ellas consideran que deberían tener, pueden aprovechar –y mucho- la música para sus clases,” enfatiza Cecilia. “Una no le canta a los alumnos sólo con la voz, canta con la sonrisa, con la mirada. Nuestra misión, entonces, es guiarlas para que canten, para que utilicen la música en las aulas.”

Un repertorio viajero
Poco a poco, se fueron abriendo puertas, muchas de ellas completamente inesperadas. De las aulas de las zonas norte y oeste del Gran Buenos Aires empezaron a viajar a otras, dispersas a lo largo y ancho del país, del continente, hasta lograr cruzar el océano. “Fuimos participando en distintos eventos y congresos. Todo eso te va abriendo múltiples campos, te va conectando con docentes de otros ámbitos, en Córdoba, en La Rioja, vas yendo de un lado para otro y tus propuestas se van haciendo más conocidas,” explica Chacho.

Así, las canciones para jugar y, junto con ellas, Cecilia y Chacho, han desembarcado en Chile, Bolivia, Perú, Paraguay, Venezuela, México y España. También han recorrido todas las provincias del país, o casi todas. “Nos falta Santiago del Estero,” dicen, con el gesto de quien asume un desafío.
La experiencia de tocar frente a niños de lugares muy distintos, de trabajar con maestros de características diversas, les ha demostrado que, cuando se trata de cantar y de jugar, no hay frontera que valga. “La primera vez que fuimos a Chile, no nos imaginábamos cómo iban a reaccionar los docentes y los niños, pero al momento de salir al escenario, todo lo que uno piensa queda en ese momento pulverizado. Salimos a disfrutar, a transmitir, a interactuar con ellos. Y eso se ve, se siente”, explica Chacho.

El cancionero del Dúo Tiempo de Sol no sólo está conformado por composiciones propias sino también por un trabajo minucioso de recopilación. Las canciones o los juegos les llegan por transmisión oral y ellos les dan un enfoque distinto, desde lo musical, que hace que el juego cambie. “Somos como las abejas, vamos polenizando aquí y allá, porque traemos y llevamos, vamos intercambiando cancionero de distintas culturas, haciendo nuestras adaptaciones”, grafica Chacho.

“Te convertís un poco en embajador de tu país, porque como uno se crió acá, los ritmos están muy arraigados. Llevás a cualquier parte un chamamé y les enseñas a los chicos lo que es un sapucay, y así hemos escuchado sapucays españoles, venezolanos, mexicanos. Los hacemos bailar chacareras, siempre dentro de un juego y, sin querer, terminás hablando del mate y de las costumbres argentinas,” cuenta Cecilia.

Para el futuro, cuentan, esperan seguir viajando, recorriendo las aulas, desatando la alegría a su paso y dejando, a modo de recuerdo imborrable, maestras que canten y niños que aprendan y se desarrollen, jugando.

Publicado en la edición de junio de 2009, en la Revista PLANETARIO.

www.revistaplanetario.com.ar

Periodista: FERNANDA MARTELL

 

¡¡¡GRACIAS FERNANDA!!!

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